consiguieron quitarme el problema, al final me operaron otra vez, me
extirparon la matriz, luego vino la radioterapia y la braquiterapia. Estuve
cuarenta horas seguidas en una máquina aislada de todos y sin cambiar de
postura, recibí una gran dosis de radiación. Fue duro, todavía sufro las
consecuencias, pero gracias a lo que me hicieron estoy con vida. Los
médicos no creían que me salvaría, ni la familia, ni tan siquiera yo, pero salí
adelante, me costó mucho. Para colmo de males cuando me estaba
reponiendo Vicente tuvo un accidente en el trabajo, un transpalé en marcha
le cayó encima de la pierna, al pobre le hizo mucho daño, le operaron tres
veces y estuvo tres meses en el hospital. En ese tiempo se puso enfermo su
padre, lo cuidaba Venancio que tenía que trabajar. Hacía lo que podía pero
el padre estaba nueve horas solo, muchas veces en la cama. Sufrí mucho por
él porque era una excelente persona, conmigo se portó siempre muy bien,
decía: "María si fueses hija mía, no te querría más". Cada verano íbamos de
vacaciones a Alcalá, mientras vivió mi madre estábamos la mitad de días en
cada sitio. Para mí no eran vacaciones, porque me iba con tres hombres y en
Alcalá había dos más, además una casa que durante un año no entraba
ninguna mujer a limpiar. Lo que hacía Venancio era poca cosa, así es que
cuando llegaba yo tenía que darle la vuelta a la casa porque todo estaba
sucio. Tenía que comprar, cocinar, atender la ropa y francamente todo lo de
la casa, porque los hombres no hacían nada. Salvo Vicente que cuando
hacía los baños sí que me ayudaba.
Mi suegro se daba cuenta de todo, para ayudarme, antes de que llegáramos
llenaba la nevera de comida. Cuando compraba yo él quería darme dinero
pero nunca se lo cogí, así es que cuando llegábamos, me llevaba a la cocina,
abría la nevera y decía:" aquí tienes, un conejo,un pollo, carne, salchichas y
huevos". También me decía:" Venancio hace el turno de la tarde así es que
la comida la quiere para las doce" o bien: "vendrá a comer a las tres". En
esos momentos yo me preguntaba: ¿vacaciones? .Él siempre padeció
porque yo tenía mucho trabajo.
Por las mañanas cuando me levantaba, nos poníamos a hablar. A veces me
preguntaba, ¿quién me cuidará cuando me ponga enfermo?, a lo que solía
contestarle: "yo, hombre yo". Ya entonces tenía noventa y dos años, nos
necesitaba y no podíamos ir. El primer día que le llamé por teléfono
después de salir del hospital, que tenía muy poca voz, el hombre se alegró